En los últimos tiempos se está reflexionando mucho sobre cómo influye la motivación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Normalmente se suele hacer hincapié en el papel del alumno, pero, en mi opinión, se debería trabajar más sobre la motivación del profesorado. Parece obvio pensarlo así. A nadie se le escapa que el profesor ejerce una influencia enorme sobre el estudiante y que una persona cargada, digámoslo así, de energía negativa, puede desmotivar a toda la clase tan fácilmente como cuando se viene abajo un castillo de naipes. Estos pensamientos rondaron por mi cabeza a la hora de pensar lo que iba a decirles a los nuevos asistentes de lengua de toda Italia. Más de 200 jóvenes profesores nativos. De lengua inglesa, española, francesa o alemana, con poca o ninguna experiencia en la docencia, pero llenos de ilusión e impacientes por empezar su gran aventura en la escuela italiana. Una escuela que, tal como lo siento yo, en muchas partes ha perdido la risa, como diría Ruben Darío.
Por este motivo decidí centrar mi intervención en darles una serie de consejos y sobre todo ánimos. Quise recordarles que han elegido la profesión más bonita del mundo, pero también les advertí de algunos peligros serios para su motivación.
Con esta entrada quiero compartir mi presentación con vosotros e invitaros a reflexionar. A pesar de sus condiciones peculiares, lo que comento no es algo que solo pase en Italia, también pasa en otros países, ligado en cada parte a una serie de causas que os invito a comentar; pero que, sean cuales sean estas, jamás han servir de excusa para que arrojemos la toalla y con ella demos por perdida nuestra motivación.
«...Llegados a este punto, me gustaría hablaros de como veo yo vuestro papel como asistente de lengua que sois, es decir, vuestro papel como profesores. Es muy importante que sepáis que vosotros sois aire fresco para la escuela, no solo porque sois jóvenes, sino también por como llevaréis a cabo vuestro trabajo. Es así. Por lo que he podido ver y saber de otros colegas, los estudiantes están aburridísimos de las clases de lengua por lo general. Y esto, desgraciadamente, es una verdadera lástima, porque las clases de lenguas deberían ser muy animadas y divertidas.
En mi opinión, hay un problema estructural. Italia es el país con el profesorado más viejo del mundo. Los que tienen una plaza fija no se preocupan por formarse, y los precarios, normalmente jóvenes, los veo tan preocupados por escalar posiciones que parece que no disfruten de su trabajo. Digamos que esta situación no facilita una verdadera renovación pedagógica en las aulas. Hay algo que no funciona. Seguramente hay un problema de falta de motivación ligado a distintos factores: cansancio, estrés, aulas abarrotadas, reglas burocráticas rígidas, poca inversión sobre la formación, etc.
Pero en mi opinión, el problema más serio y donde se manifiesta todo este “aburrimiento” es en el uso del libro de texto. No sé como será en las demás lenguas, pero por lo que respecta al español, el libro de texto clásico es como una droga para el profesor. ¿Os acordáis de la “criptonita” de Superman? Pues así son los libros de texto, más se tocan, menos fuerza se tiene. No os riáis, es verdad. Más se usan, menos creatividad y motivación se tiene. Por esto es por lo que os decía que los estudiantes se aburren. Porque están cansados de estudiar reglas gramaticales sin tan siquiera usarlas en un contexto comunicativo significativo. Cansados de rellenar huecos y hacer las redacciones de toda la vida. Cansados de exámenes y pruebas que no demuestran ninguna competencia sobre la lengua. Y aquí me detengo porque estoy generalizando, y ya sabéis que cuando se habla así se corre el riesgo de ser injusto de los buenos ejemplos que también hay: buenos profesores y también buenos libros. Pero os lo suplico, no toquéis dos veces esos manuales obsoletos. Haced actividades comunicativas con materiales reales o motivadores. Si tenéis la posibilidad de abrir esa ventana al mundo que es internet, abridla, mirad en ella y haced participad a vuestros alumnos en todos esos contextos comunicativos y muestras de habla reales que hay. Pero sobre todo, haceros escuchar. Vosotros sois un trozo de la tierra donde se habla la lengua que están aprendiendo. Cualquier excusa es buena para hacerles hablar. Hablad de todo un poco y aprovechad la ocasión para aumentar su conocimiento sociocultural del mundo y de vuestro país; pero sobre todo haced crecer su interés, su motivación, para que aprendan por sí mismos. No será fácil, pero es la única forma para que al terminar las clases continúen leyendo o escribiendo en esa lengua extranjera. Será la practica, una práctica reflexiva, la que los hará competentes lingüísticamente. ...»




3 comentarios:
Daniel, muchas gracias por compartir tu presentación. Tus consejos son muy valiosos y los tendré en cuenta en esta nueva etapa como auxiliar de conversación en Francia.
Un saludo.
Hola Daniel,
Hace tiempo que descubrí Profedele, me ha ayudado muchísimo.
Soy monitora de castellano en un centro cívico de Barcelona.
Mencionas la motivación, para mi es algo fundamental. A la par que estoy enseñando, estoy aprendiendo japonés y realmente me siento muy desmotivada. En este contexto me parece fundamental la motivación. El profesor debe de buscar nuevos materiales, dinámicas, etc.... y otro aspecto es la confianza, si no confías en tus alumnos y los dejas a la deriva, si solo te apoyas en los alumnos más avanzados y dejas al resto, el resultado es una disparidad enorme.
Saludos,
¡Excelente entrada!
¡Coincido contigo Daniel!
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